Ley de etiquetado de alimentos en Chile: ¿Quién gana y quién pierde?

Inicialmente, es de esperar que la ley sea en rigor homogénea y tenga como objeto regular las condiciones básicas que garanticen la igualdad en el ejercicio del derecho y deberes de los ciudadanos, tanto a nivel personal como empresarial. ¿Pero qué ocurre entonces cuando la puesta en rigor de una ley inclina la balanza en favor de un grupo de empresas?

La ley de etiquetado de alimentos ha sufrido varios cambios desde su primera propuesta hasta su actual forma definitiva. Uno de ellos, que pareciera ser menor, pone sobre el tapete una discusión hasta ahora oculta, con implicancias que aún están por descifrarse. El cambio es el de pasar  del etiquetado por porciones al etiquetado por 100g de producto. Si bien esta modificación se hizo a mediados del 2014, no ha habido un análisis acabado de las consecuencias que podría conllevar, por lo que cabe preguntarse, ¿Cómo podría esto afectar a alguna categoría específica, o más aún, cómo podría esto beneficiar únicamente a alguna o algunas  empresas?

Para mostrar el impacto de esta alteración, tomemos el sencillo ejemplo de la mantequilla y la margarina. A ojos del consumidor la margarina está asociada a un producto con preservantes, colorantes y saborizantes, pero bajos niveles de grasa en términos relativos a la mantequilla, la cual está compuesta de crema de leche (grasa) y sal. ¿Cuál es más saludable? La respuesta forma parte de un debate aún sin resolver y escapa del análisis que nos compete.  Sin embargo, mientras que la mantequilla posee en promedio más de 55g de grasa saturada por cada 100g, la margarina tiene en promedio menos de 25g. Ahora bien, la ley dice que si un producto tiene más de 4g de grasa saturada por cada 100g se marca con el logo “Exceso de Grasas Saturadas”. Entonces en este caso, tanto margarina como mantequilla tendrían el etiquetado, lo cual en cierto sentido es poco preciso y deja a ambos, mantequilla y margarina, como productos con exceso de grasa, omitiendo y obviando el hecho de que la mantequilla tiene  en promedio más del doble de grasas saturadas.

Entonces, bajo los ojos de los consumidores, que conciben la margarina como un producto con menos aporte de grasa que la mantequilla, podría ocurrir una importante desinformación. La percepción de ambos productos como “Excedido en grasa”, socavaría y acabaría con la ventaja de la margarina como un producto con menores niveles de grasa. Esto podría traducirse en un aumento significativo del consumo de la mantequilla en desmedro del consumo de margarina. Lo que, a su vez, se traduce directamente en beneficios para empresas como Soprole y Colun, las que juntas poseen sobre el 50% del mercado de la mantequilla, en deterioro de Watt’s y Unilever que lideran el mercado de las margarinas con más del 60% de participación. Considerando que en el mercado de las mantequillas un punto porcentual de share tiene un valor del orden de 2 millones de USD en ventas, según datos de Euromonitor International, el rigor de la ley podría nivelar la balanza en cuantías que bordean estas cifras, afectando directamente no sólo la imagen de una compañía, sino también sus resultados financieros.

Este es solo un ejemplo entre muchos otros escenarios que podrían ocurrir. Por lo tanto, se debe tener cuidado al momento de decidir marcar un producto con “Exceso de…” decidiendo por su contenido por una cantidad fija e igual para todos, en este caso por cada 100g. Primero porque puede acabar con un posicionamiento de marca, cambiar erróneamente la percepción de los consumidores y/o beneficiar directamente a un grupo de empresas y segundo, porque se está obviando el hecho de que somos consumidores de porciones y no necesariamente de 100grs cada vez que nos sentamos a comer y esto varía mucho en cada producto. Después de todo, como dijo el alquimista, médico y astrólogo suizo Teofrasto Paracelso , “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis”.